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Sobre los narradores no fiables

Hay personas que adoran los libros con extraterrestres, otros que buscan historias dentro de historias, otros ambientaciones victorianas... sea cuál sea, creo firmemente que cada lector tiene un talón de Aquiles, una debilidad literaria. Si ya de por sí nos cuesta ser objetivos en una afición tan subjetiva como puede ser la lectura, cuándo nuestra temática predilecta aparece en alguna sinopsis, los ojos nos hacen chiribitas. ¿O no?

En mi caso, descubrí cuál era mi vicio traicionero a lo largo del año pasado, cuándo tuve la oportunidad de leer varios títulos que lo incluían y, de los cuales, tres cuartas partes llegaron a formar parte de mis mejores lecturas del 2014.

Los narradores no fiables

¿Qué entendemos por narrador no fiable? Es aquél narrador, normalmente en primera persona, que ha perdido su credibilidad por lo que el lector no puede estar seguro de la veracidad de lo que cuenta, ya sea por un estado psicológico (esquizofrenia, alcohol, drogas, etc.), edad (demasiado joven y, por lo tanto, inocente) o por ser, simple y llanamente, un mentiroso. 

En clave de ejemplo, en Cumbres Borrascosas Nelly es la encargada de contarnos el pasado de Heathcliff y Catherine, pero su tendencia a la exageración y a llenar espacios vacíos con cotilleos desperdigados, hacen que el lector no pueda estar seguro de qué partes no son más que conjeturas de la vieja ama de casa. Por otro lado, y aprovechando para citar un libro fabuloso pero poco conocido, en (Don't You) Forget About Me, Skylar está demasiado atrapada en su espiral de drogas y auto-destrucción como para poder entender ella misma qué está pasando a su alrededor... y mucho menos ser capaz de contárnoslo a nosotros. Finalmente, en Perdida (Gone Girl) los personajes mienten, omiten y manipulan el lector a placer. 

No sé a qué se debe mi fascinación por este tipo de narradores - sobre todo si os confieso que las películas de suspense me ponen histérica- pero de verdad os digo que simplemente no puedo dejar de leerlos: es pasar el ojo por la primera página y zambullirme automáticamente en un mar de confusión y misterio que me atrapa sin remedio.

A continuación, os dejo algunas recomendaciones para que os dejéis atrapar por este tipo de narrador, a ver si tiene el mismo efecto en vosotros como lo tiene conmigo.

Reflexiones lectoras: las cinco estrellas


Siempre he dicho, creo que con motivos, que soy una lectora bastante emocional. Leo y comento por impulsos y, si un libro logra golpearme el estómago y ponerme el vello de punta, soy incapaz de contener las sonrisas o las carcajadas, las lágrimas o los gritos. Pero hace poco me di cuenta de que no se limitaba solo a eso, si no que también abarcaba un detalle tan sencillo y a la vez significativo como puede ser la máxima puntuación, las cinco estrellas. 

Ya llevaba un par de años dándome cuenta de que era incapaz de otorgarle las cinco estrellas a un libro, de terminarlo y pensar "este es EL libro", y eso me estresaba. ¿Era porque soy una amargada? ¿Porque quiero llevar la contraria? ¿Porque no consigo acertar con las lecturas? Puede parecer una tontería, pero era una mosca detrás de la oreja -al fin y al cabo, ¿no todos leemos un libro con la esperanza de que sea perfecto? Y hace poco me di cuenta de que, todas las veces que sí puntuaba un libro con cinco estrellas, seguían un mismo esquema: la relectura. 


Si siento la necesidad de releer un libro 
es porque hay una parte de mí que se quedó en él.
¿No os pasa?

Siempre que leo un libro que me gusta, que me gusta mucho, siento la inmensa tentación de cerrarlo, voltearlo y volverlo a empezar. Pero me aguanto. Y me espero. Y si al cabo de un tiempo -dos meses, un año, no importa- sigo sintiendo esa urgencia de volver a sumergirme en sus páginas, me doy ese pequeño capricho. Y, ah, ahí es cuándo cambia todo, cuándo por fin algo en mi cabeza hace "clic" y sé que estoy ante un libro al que sí voy a darle las cinco estrellas.

Es curioso cómo leer el mismo libro dos veces puede ser dos experiencias totalmente diferentes.

Lo que quiero decir es que no es que sea una amargada o una tiquismiquis. Es sólo que no importa cuán perfecto sea un libro en su consideración objetiva, necesito lograr una conexión emocional con él. Y si pasa eso -si un libro logra que estalle por dentro, se me revuelva el estómago de la emoción y sienta la necesidad de gritar- siento que puedo darle ese pequeño, minúsculo regalo. Y es sólo curioso, que eso ocurra cuándo puedo releerlo, cuándo puedo saborearlo cómo es debido después de haberlo dejado reposar y cuajar en mi cabecita. Cuándo ha pasado el tiempo y aún siento que la historia se ha llevado una parte de mí. Cuándo puedo reencontrarme con un libro que ya adoré y darme cuenta de que aún puedo adorarlo más. Normalmente son libros que les puse 4/4.5 en la primera lectura, no es un gran cambio, pero para mí significa mucho.

Al fin y al cabo la lectura es una actividad totalmente subjetiva.
Cada persona lee un libro diferente aunque tenga el mismo título.

Por último, resaltar que esta es mi opinión, la forma en la que yo me siento a la hora de puntuar un libro. Es totalmente plausible que tú tengas un consideración de la máxima puntuación totalmente opuesta a la mía, ¡y será perfecta de todas formas! Porque será cómo te sientes.

Y vosotros, ¿qué opináis? 
¿Os mueve más lo objetivo o lo subjetivo? ¿Cerebro o corazón?
¿Cuál es el último libro que se ganó vuestras 5 estrellas?

Reflexiones lectoras: devorando libros

Créditos de la imagen.
Una cosa muy curiosa que he aprendido a lo largo de  mi carrera como lectora es que tú no escoges el libro se encarga de ello.
cuándo, qué o cómo leer:

¿No os pasa a veces que empezáis un libro y simplemente no podéis soltarlo? Que no queréis ni comer ni dormir, las duchas son tiempo perdido y las clases son una auténtica tortura -más que de costumbre- de la que sólo queréis escapar para continuar con esa historia que tan enganchados os tiene. Y luego lloráis y levantáis el puño en alto maldiciendo a tu poco auto-control porque deberíais haber leído el libro en pequeñas dosis para poder saborear cada elemento de una historia que ha terminado demasiado pronto. 

¿Y esto a qué viene? Después de un bajón de lecturas impresionante -en el que cada libro que leía era peor que el anterior- aparecieron dos libros que reclamaron tímidamente mi atención: The Winner's Curse (podéis leer la reseña aquí) y La era de huesos  (una novedad a la que os animo a que le echéis un ojo). Y, ay, los muy malditos me absorbieron por completo. Ni uno ni el otro me duraron ni dos telediarios: no podía pensar en nada más que no fuera leer, leer, leer, saber qué diantres se escondía en ese próximo capítulo... hasta que llegué a sus respectivos finales y me di cuenta de que no tenía sus segundas partes. Ay, amigos. ¿Por qué no los habría disfrutado más lentamente?

¿Y vosotros? Cuándo estáis enganchados a un libro, ¿preferís buscar vuestro auto-control y dosificarlo o leerlo del tirón? ¿Os arrepentís de escoger una cosa u otra? Y más importante, ¿cuál fue el último libro que os enganchó tantísimo que no queríais hacer nada más salvo leer? 

10 consejos para sobrevivir sin comprar libros

Creo que ha llegado ese momento en el que, como una persona responsable y decente que aspiro a ser, toca sentarse, respirar hondo y poner las cartas sobre la mesa. Porque sí, queridos lectores, tengo un problema y hay que reconocerlo.


Hoy, día 23 de abril, fecha adorada por los adictos a las letras, he superado los 100 libros sin leer en mi estantería. Y haciendo trampas, muchas trampas que sólo sirven para engañarme a mí misma. Así que es momento de ponernos serios y hacer un juramento de sangre: voy a imponerme un veto a la compra de libros, un límite a mi consumismo desenfrenado y un intento desesperado de bajar esa lista de pendientes que me da hasta vergüenza.

Así que, para animarme a mí misma, y a aquellos compradores compulsivos que estáis en mi mismo barco, he decidido recoger diez pequeños consejos para sobrevivir a no comprar libros en todo el verano. 
1. MÁRCATE UN OBJETIVO
Ya sea ahorrar determinado dinero, una fecha... tener una meta delante de las narices siempre ayuda a no abandonar, sobretodo cuándo vas viendo progresos.

2. HUYE DE GOODREADS Y LIBRERÍAS ELECTRÓNICAS. 
Este verano, ¡GoodReads y Booky son nuestros enemigos! Nada de curiosear entre sus novedades en esa hora libre, nada de añadir más libros a la lista de deseos. Incluso intentad tener bien lejos esas tarjetas electrónicas. 

3. PERMÍTETE ALGÚN CAPRICHO. 
No comprar libros no tiene por qué ser algo absoluto: de vez en cuándo, y de forma excepcional - que nos conocemos -, compra algún libro al que tengas muchísimas ganas... e intenta leerlo nada más tenerlo en tus manos, para que no acumule polvo. Así matarás el gusanillo. 

4. APÚNTATE TODOS LOS LIBROS QUE TIENES PENDIENTES. 
Crea una estantería aparte, haz una lista... o mejor, ponlos en tu mesita de noche para que ese montón de historias pendientes sean lo primero que veas cada mañana. Así te sentirás culpable. 

5. PÁSEATE POR TUS ESTANTERÍAS
Coge algún libro pendiente al azar y lee la sinopsis o las primeras páginas. Tiéntate por esa historia que en algún momento quisiste leer con tantas ganas pero que, sin embargo, aún no ha encontrado su momento. 
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6. VE A LA BIBLIOTECA
Saciarás tu sed de historias nuevas sin dejar tu monedero en el intento o incluso leer libros que al final sólo estarían ocupando espacio cuándo en realidad, una vez leídos, no pensabas darle una segunda hojeada. 

7. PREGÚNTATE SI DE VERDAD NECESITAS ESE LIBRO. 
Si al final vas a comprar algo, que lo harás, debes estar 100% seguro de que necesitas tener ese libro en tus manos, que no es un mero capricho pasajero.

8. BUSCA UN GRUPO DE APOYO. 
Todo es menos difícil cuándo se hace en compañía, ¿qué mejor manera de conseguir este objetivo que convirtiéndolo en un reto entre amigos? ¡A ver quién aguanta más! También puedes conseguir personas que te obliguen a no comprar, para que te golpeen la mano cuándo vayas a abalanzarte sobre ese libro brillante que te ha llamado la atención.

9. DALE ALEGRÍA A TU KINDLE. 
Quizás es un buen momento para darle uso a ese simpático dispositivo electrónico en vez de llenar tu casa con tantos ejemplares físicos que tus padres amenacen con echarte a la calle.

10. COMPRA CHOCOLATINAS, HELADOS Y PURPURINA 
¡Necesitaremos todo el apoyo emocional posible para sobrevivir a tal tortura!


A ver si siguiendo estos consejos -y con mucha, mucha fuerza de voluntad- consigo empezar septiembre con un número bien reducido de pendientes, un objetivo que no sólo me hará sentir mejor conmigo misma, si no que también me dará la oportunidad de saborear historias que podrían convertirse en mis favoritas pero que, sin embargo, están acumulando polvo en mi estantería. 

Y vosotros, ¿habéis sobrevivido sin comprar libros? ¿Planeáis limitar vuestras compras literarias y así bajar vuestra aterradora lista de pendientes? Contadme ;). 

Por qué estoy a favor de la descarga de libros electrónicos

Una de las cosas que más me sorprendió al entrar en este mundillo fue lo mal visto que estaba la descarga de libros electrónicos: desde que empezó el auge de los lectores electrónicos -o incluso antes, cuándo leía algún que otro libro en el ordenador- entre mi grupo de amigos era lo más normal del mundo escuchar comentarios como "He leído este libro increíble, ¿quieres que te lo pase?" o "Me he descargado un par de libros y estoy deseando leerlos", por ejemplo. En cambio, en las redes sociales que integraban la blogosfera, aquellos que lo hacían lo decían en voz bajita y otros hacían auténticas cazas de brujas censurando el robo que suponía.

Recuerdo que lo primero que pensé fue ¿Qué tiene de diferente descargar un libro que una serie, disco o película? ¿Por qué está tan mal visto decir en una red social que he descargado The Winner's Curse cuándo estoy viendo a otro decir que su internet va tan lento que no puede descargarse el nuevo capítulo de Juego de tronos? 

Simplemente, no me entraba en la cabeza.

Pero no sólo es el hecho de que no concibo la diferencia entre una descarga u otra, si no que creo que la descarga de libros en formato electrónico beneficia a los autores. Y mucho. ¿De verdad pensáis que un lector medio puede comprar más de un libro al mes? ¿Al precio que van? Obviamente, existen bibliotecas y tiendas de segunda mano, pero no creo que sea justo limitar lo que te apetezca leer según esté disponible en un catálogo tan reducido. Descargando, la gente lee más y puede darle una oportunidad a ese libro que de otra forma habría pensado "mejor me gasto 20€ en algo que sé 100% que me va a gustar". Probablemente, si los libros estuvieran a 7€ no te lo pensarías tanto... a destacar que en USA se venden muchos más libros que en España, aunque no hay un sólo libro que no puedas encontrar para descargar, incluso antes de que salgan a la venta. Curioso.

Y cuándo ya hemos conseguido que el lector medio haya leído más libros, más variados y con decisiones más arriesgadas, hay una verdad absoluta: cuándo a un lector le gusta un libro en formato electrónico, hay un alto índice de probabilidades que termine comprándoselo en papel y, si no lo hace, es porque no tiene dinero para gastárselo en ello. ¿Acaso vais a limitar las posibilidades de lectura a alguien por su nivel adquisitivo? Recordar párrafo anterior en el que comento que las bibliotecas no me sirven: si tengo dinero puedo leer la novedad de turno, pero tú cómo no tienes tendrás que esperar a que te lo preste un amigo, lo traigan tres años después a la biblioteca, etc. Básicamente, no puedes leer el libro que te apetezca.

¿Y qué diferencia hay entre descargar e ir a la biblioteca? ¿Acaso no hay la misma ganancia por parte del autor al que se supone que defendéis al aclamar que la piratería es un delito contra Dios? Y, por otro lado, yo compro, Y MUCHO. Tanto si los he leído antes en formato electrónico como si no. Así que a) mi cuota de contribución creo que la he llenado de sobras y b) se rompe el mito de que el que descarga no compra.

Y no sólo eso, cuándo alguien lee un libro que le gusta, ¡lo recomienda a todo su círculo! ¿Acaso la vida de los libros no está en el boca a boca? Y ese amigo o se lo comprará o lo leerá en formato electrónico y vuelta al punto de que "si le gusta, lo querrá tener en físico" ¡porque somos unos románticos! Nos gusta tocar, admirar y saborear aquello que nos gusta. Cuánto más leamos, más recomendaremos, más boca a boca haremos. 

Y esos son los motivos por los que creo que la piratería en cuanto a los libros electrónicos me parece más que justificada. Me encantaría que me comentarais vuestra opinión, tanto si estáis a favor o en contra, pero siempre desde la educación y el respeto. No he venido aquí a declarar una verdad absoluta, si no a compartir mi humilde opinión. Y quizás con ella consiga que la gente deje de esconderse por el qué dirán. 

Y tú, ¿qué tipo de lector eres?

Cada lector es un mundo, único en su especie, sobretodo si hablamos de esas manías, costumbres o gajes del oficio que le caracterizan como tal. ¿Eres un auténtico llorica o lees un libro con una Poker Face digna de Lady Gaga? ¿Subrayas los libros o crees que es uno de los mayores pecados capitales? Aquí os dejo 5 características que definen qué tipo de lectora soy yo:

Cuándo leo un libro, soy una auténtica exagerada: río a carcajadas hasta que me duele el estómago y no puedo respirar, grito, pongo caras extrañas... pero, mayormente, soy una drama queen: lloro con cualquier cosa, y no un par de lagrimitas, no, una fuente entera que puede durar un buen rato.  
Cuando empiezo un libro, necesito terminarlo. Soy incapaz de leer X capítulos por días o solamente cinco minutos, en cuanto una historia me engancha, ya no hay quién me arranque de ella. ¡Necesito conocer el final!

Mis momentos de lectura son mi santuario, así que si me ves con la nariz metida en algún libro... ¡No me hables! ¡No respires! ¡No molestes! Simplemente lárgate y déjame en paz.
¿Tienes decenas de libros por leer en la estantería pero aún así tienes el ansia de comprar más y más libros? Entonces eres de los míos. Soy incapaz de resistirme a una oferta, una portada bonita o una sinopsis atrayente. Bueno, soy incapaz de resistirme a un libro. Punto. Y lamentablemente, compro más rápido de lo que me permiten leer, si por mi fuera...

Cuándo empecé con el blog y a curiosear en estanterías ajenas, descubrí que muchas personas usaban estos simpáticos marcadores para apuntar sus frases o escenas favoritas y no pude evitar subirme al carro: es muy útil para volver a rememorar esos momentos que me marcaron durante la lectura.


Y vosotros, ¿qué manías os caracterizan? ¿Qué tipo de lectores sois? 

Reflexiones lectoras: alergia a los finales de saga

Pues sí, lo habéis leído bien: creo que soy alérgica a los finales de saga - o a las despedidas, si nos ponemos románticos - porque parece que los rehuya como la peste.

Todos tenemos cientos de miles de millones de trilogías o sagas empezadas, cuyas continuaciones se hacen de rogar año tras año: ese autor que no escribe, esa editorial que no traduce... Pero mi problema va más allá: tengo un montón de finales de saga esperando en la estantería y quiero leerlos, necesito leerlos, pero al mismo tiempo no quiero llegar a la última página, no quiero saber que detrás de ese punto y final definitivo tendré que despedirme de esa historia que me ha acompañado. Esa historia que consiguió guardarse un lugar en mi corazón - y en mi estantería, que todos sabemos que llega a ser lo mismo - y que planea irse para no volver. 

Actualmente, tengo en mis manos Ruptura, tercera y última parte de El jardín químico, una trilogía que es tan intensa, tan increíble, tan dura y despiadada que soy incapaz de dejar de daros la paliza con ella. Leer Ruptura significará despedirme de Rhine -y probablemente llorar con su muerte, porque no me imagino un Deus Ex Machina en esta historia en la que la línea entre la vida y la muerte es prácticamente inexistente-, y siempre estará la duda: ¿y si el final es una caca y me quita todo el buen sabor de boca que me dejaron los títulos anteriores? Dilema.

Sí, sé que quedará la relectura - de las que soy una auténtica apasionada, como bien sabéis -, y que aunque el autor haya escrito el punto final, tu mente lectora insaciable seguirá volando a través de esas escenas tan increíbles, esos infinitos "y si..." o esos finales o continuaciones alternativos que tanto nos gusta imaginar. Pero no es lo mismo.

¿No os pasó lo mismo con el último libro de Harry Potter? Para mí fue como un antes o después. ¿O cuándo os quedan dos capítulos de ese libro y empezáis a leer más y más lento, arrepintiéndoos de no haberlo deleitado más lentamente y deseando que nunca acabe? 


Y vosotros, ¿le tenéis miedo a los finales de saga? ¿Os da pena despediros de una historia? 

Libros con los que me dan ganas de dar la vuelta al mundo

No sé vosotros, pero cuándo estoy leyendo un libro ambientado en algún lugar del mundo, siento unas ganas irrefrenables de dejarme caer por el aeropuerto más cercano y visitar los rincones que "pisaron" mis compañeros de aventuras, ver por mis propios ojos las calles descritas por la pluma del autor y recrear en mi memoria esas escenas vinculadas al lugar. Creo que un escritor que puede transportarte con sus frases a rincones que nunca has pisado, aquél que te devuelve a un lugar haciéndote recordar los sonidos, olores y geografía que le acompañan, es maravilloso; un regalo envuelto en palabras. 

Hay dos libros en particular que hicieron que me cosquillearan los pies: uno, que me devuelve una y otra vez a las calles perladas parisinas y otro, que me promete viajes en carretera que me cambiarán la vida. ¿Aún no los habéis adivinado?

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Un beso en París, de Stephanie Perkins. Un libro que nunca me cansaré de releer, de adorar cada una de sus frases. Creo que es uno de mis romances favoritos por excelencia; porque sí; porque es perfecto a pesar de su sencillez; porque Étienne St.Clair; porque he estado en París - dos veces ya - y sólo puedo pensar en sus calles, su arquitectura, sus parques y el perenne olor a comida el Sena huele a pis, pero eso no lo diremos.

Amy and Roger's Epic Detour, de Morgan Matson. Una lectura reciente pero que me ha marcado muchísimo, que me ha enseñado que no importa el viaje, si no el destino. Y la buena compañía. Y las chucherías y las listas de reproducción y las hamburguesas de un local de carretera. Matson me ha presentado Estados Unidos a través de palabras poéticas, paisajes eternos y comida basura. Una ecuación infalible y que no os dejaré de recomendar.


Y son muchos, muchos más libros que hacen que quiera dar la vuelta al mundo. Sin olvidar aquellos que nos enamoran de mundos imposibles, creados por mentes que no conocen límites. ¿Quién no ha querido ir a Narnia? ¿O cruzar el muro de la estación hasta el andén 9 y 3/4? 

Y vosotros, ¿Qué libros os dan ganas de dar la vuelta al mundo?

Entrada inspirada por thebumblingbibliophile.

Reflexiones lectoras: y tú, ¿cuándo lees?

Créditos de la imagen.
Una de las cosas de las que me he dado cuenta tras muchos años como lectora es que, si de verdad quieres leer, siempre tienes un momento para hacerlo. Muchas personas, al ver que tiendo a leer algo menos de diez libros al mes, me preguntan que cómo lo hago para leer tanto, y la verdad es que nunca sé qué decirles. Supongo que yo tengo muy claro cuáles son esos momentos que para mí son perfectos o imprescindibles para dedicarlos a uno de mis hobbies predilectos.

Uno de los momentos del día en los que suelo leer sí o sí es antes de acostarme: no importa si son veinte minutos o una hora, lo importante es ponerme bien cómoda, ponerme mi pijama, taparme hasta las orejas y dejarme acunar por esas historias. Aunque también tiene su parte negativa... como cuándo ese libro te absorbe de tal manera que sabes que no podrás irte a dormir hasta que lo termines; o como cuándo leo en inglés, que termino soñando en ese idioma y me despierto frustrada y con dolor de cabeza (al parecer mi subconsciente es buen conocedor de lo que me cuesta expresarme en ese idioma). 

Además, vivo bastante lejos de dónde estudio, por lo que cada día tengo un buen trayecto de ida y vuelta en tren. En vez de mirar el móvil sin hacer nada, ¿qué mejor distracción que sumergirme en las páginas de un libro? Aún a riesgo de saltarme mi parada, vale la pena. Asimismo, hace tiempo me di cuenta de que pasaba mucho tiempo en el ordenador, sin hacer nada y con las agujas del reloj acelerando como si de una carrera se tratara, así que decidí cortar por lo sano y reducir mis horas delante de la pantalla, aunque sigo disfrutando de mis series, películas, blogs... 

Y ya está, no tiene más secreto. No me paso el día encerrada leyendo, de hecho paso más tiempo fuera de casa que en ella y la universidad también supone un gran contratiempo; simplemente tengo eso momentos del día que son míos, de mi lectura y de nada más.

Y vosotros, ¿cuándo leéis? ¿Echáis en falta momentos de lectura? ¡Contadme!

Reflexiones lectoras: Cuentos infantiles

Si hay algo de lo que me he dado cuenta en mis muchos años de lectora asidua es que cuánto más mayor soy, más disfruto los cuentos infantiles. Creo fervientemente que ese tipo de libros siempre tienen dos, tres, cuatro lecturas distintas, dependiendo del momento en el que lleguen a tus manos (un ejemplo muy claro es Alicia en el país de las maravillas) por lo que cada relectura supone un descubrimiento, nuevas sensaciones aunque las letras impresas no hayan cambiado. O incluso cuando lo han hecho, cuando la dulce historia que conocíamos era sólo una historia azucarada de la realidad. ¿A quién no le encanta descubrir la versión espeluznante y macabra de los famosos cuentos de nuestros hermanos Grimm? ¿Descubrir que en realidad Pinocho fue ahorcado por sus mentiras, que la sirenita prefirió convertirse en espuma antes que matar a su príncipe o que las hermanastras se cortaron trozos del pie para caber en los zapatitos de cristal?

Me encantan los cuentos infantiles. Los admiro y colecciono como tesoros, sobretodo cuando encuentro esas versiones antiguas con páginas de cartón, ediciones de segunda mano con el nombre del antiguo propietario, ilustraciones increíbles que nos transportan a mundos imposibles. Me encantan los cuentos infantiles, incluso cuando - o sobretodo - cuando son cualquier cosa menos eso. Y espero que, a medida que vayan pasando los años y los relea por enésima vez, siga disfrutándolos más y más.

¿Y vosotros? ¿Leéis cuentos infantiles?

Reflexiones lectoras: compradores compulsivos

Untitled¿Conocéis ese dicho de que todo es bueno en pequeñas dosis? ¿Que cuando se sobrepasa cierto límite es demasiado? Una taza de café está bien; dos, tres... incluso cuatro. Pero cuando tomas más de 10 sabes que tienes un problema. 

¿Y ésto a qué viene? Todos tenemos una lista de libros pendientes, libros que están esperando ser leídos pero que van acumulando polvo, historias por contar que nos interesan, que queremos leer pero que ya sea por falta de tiempo o porque otros se ponen delante, no hemos encontrado el momento para disfrutarlos. Pues bien, según Goodreads, en mi estantería tengo exactamente 90 libros esperando a ser leídos. Noventa. Y haciendo trampas (los libros en formato electrónico no cuentan, y los box set suman un único libro). Sí, es casi vergonzoso. ¡Pero todos tenéis la vuestra, no me engañéis!

Obviamente, no compro con la intención de acumular, eso sería ridículamente estúpido; simplemente siento la imperiosa necesidad de leer ese libro. O viene esa gran oferta que hace que te brillen los ojos y marques ese pulsador... y tu tarjeta tiemble.

Este año me he propuesto desempolvar mis pendientes y, sobretodo, comprar muchísimo menos... ¡Pero cuesta mucho! Cada mes se publican más y más libros con una pinta increíble, o me recomiendan otros que siento la imperante necesidad de leer. Y entre que los libros en inglés son tan increíblemente baratos, las librerías de segunda mano y los descuentos que me envían por correo (sí, Booky, te estoy mirando a ti) y a los que es imposible resistirse, compro sin siquiera darme cuenta. Pero este año toca controlarse, prometo cambiar (?).

¿Y vosotros? ¿Tenéis una lista muy larga de pendientes? 
¿Sufrís el síndrome de los compradores compulsivos?
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