TerraLinde, un reino donde las hadas no creen que los humanos existan, una vieja ciudad que fue decisiva durante la Guerra de la Reina Durmiente. Han pasado años desde ese cruento conflicto que dejó tras de sí una paz delicada, una larga lista de rencores y un trono inestable.
Allí viven Nicasia, una knocker del gremio de ingenieros, y Dujal, un phoka demasiado aficionado al riesgo. Ambos llevan años enzarzados en un pulso de poder en el que Marsias, un apacible sátiro dueño de un burdel, trata de mediar como puede. El asesinato de Manx, tutora de Dujal y compañera de armas de Marsias y Nicasia, los obligará a unirse para encontrar a los culpables. Juntos emprenderán una investigación que los llevará desde los bosques de los centauros hasta las montañas de TocaEstrellas, habitadas por los feroces goblins. Y siempre perseguidos por la larga sombra de la misteriosa Dama RecorreTúneles.
Tras la épica guerra de la Bella Durmiente y la subida al
trono de la Reina Silvana,
la paz en TerraLinde es solamente una ilusión pasajera: las intrigas palaciegas,
los rencores nuevos y los ancestrales y los secretos que ocultan sus fantásticos
habitantes cosechan un clima de inquietud que se acerca a pasos agigantados a
una nueva guerra. A través de los ojos de una airada knocker y un amplio elenco
de personajes, se descubren todas las artimañas, secretos y conspiraciones que
tejen la trama de una complicada red de mentiras.
La Corte de los Espejos es el
tipo de libro que destruye un tópico detrás de otro, arrasando con todas las
creencias que intentan empañar la originalidad, el desparpajo, la ilusión y la
energía de esta maravillosa obra. ¿Que las portadas bonitas son el láudano para
enmascarar una trama sin gracia alguna? ¿Que los autores españoles sólo saben
escribir copias? ¿Qué la fantasía es un género elitista? Todo bazofias; sólo
hace falta conocer a un personaje como Nicasia para saber que nos vamos a
encontrar con una historia jamás contada.
No voy a fingir
algo que no soy: la fantasía nunca ha sido mi género. No es que me desagradara
ni nada por el estilo, simplemente sentía que no era para mí. Salvo notables
excepciones. Empecé a leer La
Corte de los Espejos con temor, seducida por la promesa de
que éste libro cambiaría mi racha de malas lecturas. ¡Y vaya si lo hizo! En
menos de dos páginas, ya estaba totalmente zambullida en la ágil prosa de
Concepción Perea, aprendiendo con avidez sobre estos extraños seres que se presentaban
ante mí; la magia, las intrigas y los resquicios de una guerra reciente, se
hilvanaban con elegancia y, a medida que los protagonistas se embarcaban en una
batalla aún más suicida que la anterior, sentía el paladeo y la urgencia de la aventura.
Probablemente os
aterren esas 650 páginas que componen este inicio de bilogía: y no os falta razón;
éste no es un libro para leer de una sentada. Tenéis que leerlo tranquilamente –
incluso aunque la emoción y la adicción de los acontecimientos os insten a
hacer lo contrario – saboreando cada episodio e intentando aunar las distintas
tramas que se van desarrollando paralelamente. En algunos momentos será más
denso, en otros un soplo, pero cada parte está perfectamente pulida.
Pero, más allá
de la pluma de Perea, los asombrosos seres y el torrente de adrenalina que te atrapa
durante la lectura, hay tres elementos que han hecho que bese los pies de la
autora. En primer lugar, Concepción Perea demuestra que no hay límite alguno en
TerraLinde, que nuestra realidad – cegada por nuestros prejuicios humanos y
nuestro conservadurismo – no tiene cabida en ese mundo. Las relaciones, el amor
y la pasión se descubren sin ninguna barrera, sin darle ninguna importancia a
la sexualidad o al compromiso. Rompiendo los esquemas. En segundo lugar, la
autora no tiene problema alguno en torturar, desmembrar y asesinar a cualquier
personaje, incluidos los protagonistas. La sangre, las vísceras y la carroña
son el pan de cada día. Y, en tercer y último lugar, tenemos a Nicasia. ¿Soy la
única que piensa que estamos ante una protagonista sin igual? Es bruta,
malhablada, sardónica y despiadada; no duda en torturar y masacrar y, aunque
tiene su lado tierno, éste no enmascara su personalidad arrolladora.
Obviamente, La Corte de los Espejos no es
perfecto, también tiene algún que otro defecto; pero las virtudes son tantas y
tan importantes que los empañan por completo. El problema que le he encontrado,
es que a medida que devoraba las páginas, no sentía que hubiera un hilo
conductor que uniera la trama, si no que se desarrollaba en distintas hazañas
que no parecían tener ningún nexo común.
En conclusión, La Corte de los Espejos me ha
enamorado. Si sois unos novatos en el arte de la fantasía como yo, no os asustéis,
dadle una oportunidad. Eso sí, si os da miedo el número de páginas… Au revoir, mejor buscad algo más ligerito. Mientras tanto, yo estaré impaciente por leer el final de esta historia.

