En la vida de Meghan siempre había habido algo extraño, desde que su padre desapareció cuando ella tenía seis años. Nunca había encajado en la escuela ni en casa.
Cuando un siniestro desconocido comenzó a observarla desde lejos y su mejor amigo se convirtió en su incansable guardián, Meghan presintió que su vida iba a dar un vuelco. Pero jamás habría imaginado la verdad: que era la hija mítica de un rey del mundo de los duendes y las hadas y que inmersa en una guerra implacable en la que era peón en ambos lados, tendía que descubrir hasta dónde estaba dispuesta a llegar para salvar a quien amaba, atajar un mal misterioso al que ninguna criatura mágica osaba enfrentarse... y descubrir el amor de un príncipe que quizá prefiera verla muerta a permitir que tocara su corazón helado.
Sinopsis extraída de la edición española.
Reseña
Meghan Chase tiene una vida normal y corriente, con una madre demasiado ocupada para recordar su cumpleaños, un hermanastro con amigos imaginarios y un mejor amigo capaz de reírse absolutamente de todo. No obstante, cuando las hadas secuestran a su hermano pequeño, Meghan tendrá que viajar a Nevernever y rescatarlo, descubriendo su verdadera identidad y los secretos que llevan ocultos toda su vida.
“The faery lords are immortal. Those who have songs ballads and stories written about them never die. Belief worship imagination we were born of the dreams and fears of mortals and if we are remembered even in some small way we will always exist.”
Probablemente, lo que me ha enamorado más de este libro es la ambientación: mágica, peligrosa, hermosa y evocadora; inspirada en todos aquellos cuentos y leyendas que habíamos leído de pequeños, el elenco de criaturas mágicas es infinito; cada una de ellas perfectamente caracterizada de formas muy realistas, con un ligero toque infantil que le otorga un mayor encanto. Además, Julie Kagawa posee un poder descriptivo impresionante, hermoso y, aunque eso supusiera mirar más veces el diccionario, he disfrutado plenamente de la prosa tan cuidada.
La trama se desarrolla con mucha acción, sin descanso, con muchos cambios de escenario, de tal forma que vamos descubriendo Nevernever, sus distintas facetas y los secretos que azotan las cortes féricas a un ritmo constante. Además, la compañía es más que inmejorable (no, no hablo de esas preciosas portadas): Puck, el duende travieso y torpe de Sueño de una noche de verano, se transforma en un adolescente inmortal ridículamente gracioso, creando así las escenas más desternillantes y haciendo que una servidora se enamore totalmente de él. Grimalkin - basado en el gato Cheshire - posee ese porte imperturbable, irónico y carismático que caracterizaba a nuestro conocido felino. Por no hablar del despliegue de criaturas mágicas.
“I would have gotten you there!" Puck roared. "Me! You don't need his help! Don't you trust me to keep you safe? I would've given everything for you. Why didn't you think I'd be enough?”
* * *“Oh, we're playing nice now? Shall we have tea first? Brew up a nice pot of kiss-my-ass?”
Pero ahora vayamos a las partes negativas... Que no son pocas. Y me da mucha pena, porque todos los factores positivos me enamoraron por completo.
En primer lugar - y con una enorme ventaja natural - Meghan. ¿Qué especie de chiste malo es esta protagonista? Tonta como las piedras, insustancial, egocéntrica, egoísta, llorica y ridícula. A lo alrgo de todo el libro sólo piensa en ella y en su hermano, incluso cuando Puck está encerrado en una jaula no le dedica un sólo pensamiento. ¿Y ese es su mejor amigo? Por no hablar de que siempre sigue el mismo esquema: escena de acción -> Meghan se queda mirando cómo los demás hacen el trabajo sucio -> la secuestran -> se hace la bravucona pero nadie le hace caso -> en realidad la salvan los demás. Y así interminables veces.
Y la relación Ash/Meghan... No tiene sentido. ¡Va más allá de los límites del insta-love! Nace de un chasquido de dedos y un parpadeo. En el minuto 1, Ash quiere matarla y en el 2 dice que preferiría se desterrado, muerto y castrado antes que vivir sin ella. Increíble. Y no es sólo que yo esté enamorada de Puck - que también -, es que no veo complicidad alguna entre esta pareja... Sus escenas me parecen metidas en calzador, faltas de encanto.

